lunes, 5 de julio de 2010

La Naranja Mecánica - Ayer, hoy y siempre

Era viernes. Desde los medios nos vendían que un equipo que no se había topado con grandes rivales, ni había tenido grandes presentaciones, era imbatible. Tal vez, justificado esto, en sus grandes individualidades, en su historia futbolística, o en la necesidad de vender.
Se creía que Brasil era un equipo que excedía lo terrenal. Invencible. Y mucho más luego de que se fue en ventaja al descanso.
Vaya a saber uno por qué, desde el miércoles/jueves tuve la firme convicción de que ese partido lo ganaba la naranja. Tal vez porque tenía y tengo, la idea de que los brasileros son seres humanos. Y por ende, siendo el fútbol el deporte que más iguala a los equipos, me surgía ese fanatismo por Holanda. Quizá, y sobretodo, para demostrarle a todos que se puede. Que si uno entra con una mentalidad perdedora, lo más probable es que pierda. Pero que si cree en sus propias aptitudes, está fuerte mentalmente, y físicamente, puede dar la sorpresa.
Con dos líderes en la cancha, como Sneijder y Robben, con una mixtura perfecta de jóvenes y experiencia, con un equipo que se plantó de igual a igual y nunca se dejó "llevar puesto" por los amarillos, Holanda dio vuelta la historia. Tal vez el primer gol fue fortuito, fue suerte, fue azar, pero de eso también hay mucho en el fútbol.
Pero el mayor mérito de este equipo, está en que luego de ponerse en ventaja, nunca se refugió atrás. Nunca se sintió menos.
Y lo más importante, fue en contra de esa historia que tienen de "pechos fríos" como se dice comunmente. Porque Holanda es un caso atípico. Es el verdadero rey sin corona. Un equipo considerado grande a nivel selecciones, que nunca ganó un mundial. Es el paradigma para todos aquellos que creemos que no solo se recuerda al campeón. Que las emociones, son al fin y al cabo las que prevalecen. Tal vez este sea su mundial, tal vez no, pero ellos van a seguir siendo grandes, porque su historia, la que forjaron a partir de 1974, con una verdadera revolución táctica, es más rica que cualquier trozo de metal.

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